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Ruanda: un ejemplo de impulso agrícola para África… y para muchos otros países




Acabamos de regresar de una intensa semana en Ruanda, inmersos en la realidad de la producción agraria y agroalimentaria de aquel país. ¿La razón de nuestro viaje? Un compromiso decidido por parte del Presidente del Gobierno, secundado por su Ministerio de Agricultura, de impulsar la producción de alimentos, como medio de garantizar la seguridad alimentaria del país y de generar empleo y riqueza a través de una comercialización basada en el valor añadido y no sólo en el volumen. Y, para ello, necesitan formar y capacitar a los responsables y principales decisores de su cadena alimentaria.

Algunos datos

Desde hace unos años Ruanda viene experimentando las mayores tasas de crecimiento económico del continente africano. Algunos medios la han denominado el “Singapur africano” o el “milagro de África”. En 2009 se integró en la Commonwealth, haciendo del inglés uno de sus idiomas oficiales (anteriormente eran el francés, reflejo de su pasado como colonia belga, y el kiñaruanda).

Es un pequeño país (algo menor que Galicia), sin salida al mar, con la mayor densidad de población de África (12 millones de habitantes) que se estima se duplique en los próximos 10 años. Pero en el mundo se la conoce, tristemente, por el terrible genocidio que tuvo lugar en 1994, derivado de las tensiones raciales impulsadas por algunos partidos políticos y que provocó la muerte de más de un millón de personas. Un ejemplo más que nos recuerda cómo las ideas y actitudes que siembran los líderes entre la población pueden hundir o levantar un país. Su deficitaria economía y los efectos del enfrentamiento convirtieron a Ruanda en uno de los países más pobres del planeta.

Hoy día Ruanda ha cambiado. En el año 2000 el gobierno presentó su documento “Vision 2020”[1], un plan estratégico en toda regla en el que se desarrollaba “lo que el país debería llegar a ser en el año 2020: una nación con una renta per cápita media, moderna, fuerte y unida, sin discriminación entre ciudadanos”. 

Esta visión se construía sobre seis pilares: buen gobierno; desarrollo del capital humano; desarrollo impulsado por el sector privado; desarrollo de infraestructuras; productividad, valor añadido y orientación al mercado en la agricultura; integración regional e internacional. A su vez, tres ejes transversales complementarían estos seis ejes como valores básicos a cuidar y fortalecer en este período: igualdad de género; recursos naturales y medioambiente, y ciencia y tecnología.

 

El resultado ha sido realmente espectacular: el crecimiento del PIB en el periodo 2001-2015 promedia un 8% al año, los porcentajes de población pobre y extremadamente pobre ha pasado del 58,9% y 40% respectivamente de 2000/2001 al 39% y 16% de 2013/14; la esperanza de vida ha mejorado más de 14 años (superando los 65); la mortalidad infantil se ha reducido más del 80%; el parlamento tiene 64% de mujeres, el de mayor porcentaje de parlamentarias del mundo; la incorporación a la escuela primaria ha alcanzado el 96,8%  (97,2% para las niñas) desde poco más del 50% en 2000,  y el número de hogares con acceso a electricidad se ha multiplicado por 4 desde 2008, entre otros índices. El Banco Mundial clasificó al país en 2016 como el segundo de África en el que más fácil es hacer negocios, con algunos detalles que nos sorprenden por lo avanzado de sus planteamientos: que tan sólo se requieran 6 horas para abrir un nuevo negocio o que las bolsas de plástico estén prohibidas en el país por razones medioambientales[2].

Desde el punto de vista de la agricultura y la alimentación, los objetivos planteados para su desarrollo fueron: transformar la agricultura del país en un sector de subsistencia a otro más orientado al mercado y con capacidad de generar valor; conseguir un crecimiento lo más rápido posible, tanto en producción como en comercialización, para mejorar el acceso a los alimentos, aumentar la renta de la población rural y reducir la pobreza; conseguir que los agricultores dejen de ser meros receptores pasivos de ayudas y se conviertan en actores activos de la transformación del país, con nuevas capacidades; el gobierno deberá pasar a ser un proveedor directo de ayudas y recursos a un facilitador de la actividad del sector privado, y desarrollar una orientación comercial hacia los mercados exteriores, no sólo hacia el mercado nacional. 

En este caso, los resultados también han sido notables. Los rendimientos de patata, maíz, y trigo se han multiplicado por más de 6, 4 y 2,5 veces respectivamente 



entre 2000 y 2013, mientras que los esfuerzos por mejorar la calidad del café han permitido aumentar los precios de sus exportaciones, gracias a un mejor uso del riego, fertilizantes y empleo de mejores prácticas de cultivo que permiten mayor conservación del suelo (gracias a diversas acciones de formación y extensionismo agrario). El gobierno ha implementado un programa (llamado Girinka) orientado a facilitar una vaca a cada familia con menos recursos, promoviendo a su vez la cooperación entre los miembros de una población. La producción de leche y el consumo per capita se han duplicado desde 2010, mientras que el número de cooperativas se ha multiplicado por más de 5, algo muy relevante para el desarrollo rural cuando gran parte de los agricultores cuentan con explotaciones no mayores de 0,5 has. 



No obstante, el sector agrario, como fuente esencial de riqueza para el país (aporta más del 33% del PIB), no está exento de grandes desafíos para el futuro. Entre ellos, la carencia de los inputs y las materias primas en la cantidad y calidad necesarias (semillas, piensos, fertilizantes, fitosanitarios, …); infraestructuras agrícolas (riego, energía, maquinaria, equipos y sistemas para post-cosecha, logísticas, etc.) insuficientes y muy caras; dificultades para acceder a la financiación y tipos de interés muy altos; escaso valor añadido e industria de procesado de alimentos poco desarrolladas; una capacidad de innovación de inversión  muy reducida  y, especialmente, una población agraria envejecida (la edad media de los agricultores ronda los 60 años). Sorprende ver que, a diferencia de otros muchos países, la carne de pollo es más cara que la ternera; esto se explica por la falta de desarrollo de esta industria, incluida la falta de fabricación de piensos, como nos indicaba un alto funcionario del Ministerio.

En definitiva, un país lleno de oportunidades y al mismo tiempo con grandes carencias.  A la hora de invertir en una determinada actividad sería necesario estudiar bien el total de la cadena y, con mucha probabilidad, analizar la posibilidad de integrarse verticalmente para asegurarse los insumos e incluso la llegada al mercado, algo por otra parte habitual en los países menos desarrollados. Desde el punto de vista de los mercados exteriores, un gran reto para la industria del país es alcanzar los estándares y certificaciones de calidad e inocuidad alimentaria de Europa, Japón o Estados Unidos.



Por último, cabe señalar dos datos de interés. El primero, que la persona que ha liderado el país durante los últimos 17 años, el  Presidente Paul Kagame, se presenta a un tercer mandato de 7 años en las elecciones democráticas de agosto 2017, en las que nadie duda que volverá a arrasar como hizo en las 2 anteriores; la estabilidad y el progreso de los logros ya alcanzados parece muy posible. El segundo, que Ruanda forma parte de la “East African Community” un mercado común con libre circulación de personas, mercancías y trabajadores que integran 6 países (Kenia, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania y Sudán del Sur) que suman un mercado de más de 160 millones de habitantes.

Con todo ello, nuestra reflexión final es: ¿puede ser Ruanda un nuevo destino para las inversiones españolas, en particular en el sector primario? ¿Podrían ayudar las empresas españolas a este país a corregir sus carencias y hacer frente a sus retos?  No en vano, en España conseguimos superar estos retos, muy similares, hace ya varias décadas, pero no tantas como para no recordar lo que conseguimos y volver a poner en práctica nuestra experiencia.

 


[2] http://www.netherlands.embassy.gov.rw/index.php?id=819, consultada el 22 de julio de 2017.